La diferencia entre los semifinalistas de la pasada LNB y el Top 4 de la primera ronda de la temporada regular es total, fruto de una competencia marcada por la paridad.
La competencia nacional se puede definir actualmente como “pareja” y ciertos días también se acepta el término “parejísima”. Un elemento que se puede ver para aceptarlo son los candidatos a los títulos. Un rubro que en medio año cambió por completo. Los últimos cuatro compitiendo por un título nacional fueron los semifinalistas de la temporada 24-25: Boca, Quimsa, Instituto y Regatas. Ahora, los que irán por un nuevo trofeo serán Ferro, Independiente de Oliva, La Unión de Formosa y Obras, los primeros cuatro de la tabla general en la primera ronda de la fase regular.
El primer gran movimiento lo explica Ferro. El equipo del Oeste pasó de ser un incomodo rival en playoffs a transformarse en líder sólido del torneo y cabeza visible de la Copa Islas Malvinas. La continuidad del proyecto, con Federico Fernández en su sexta temporada y una base sostenida, marcó la diferencia: ritmo alto, defensa intensa y un funcionamiento colectivo aceitado que lo puso por encima del resto. Donde antes peleaba, ahora domina, incluso con menos partidos disputados que sus rivales directos.
En el mismo bloque aparecen La Unión de Formosa e Independiente de Oliva, dos equipos que no estaban en la foto grande del año pasado y hoy se metieron de lleno. La Unión dio un salto desde la regularidad competitiva: perdió poco, casi siempre por detalles, y encontró extranjeros rendidores dentro de una estructura que corre, defiende y rota bien. Independiente, en tanto, confirmó una idea que venía madurando hace tiempo y que este año explotó: básquet dinámico, joven y ofensivo, con una identidad clara que lo llevó a un hito histórico como la clasificación a la Copa. El cuarto cupo de la Copa lo tomó Obras, que aprovechó mejor el contexto. Con decisiones claras en el armado del plantel y una identidad definida, el Tachero capitalizó la paridad general y se metió entre los mejores por desempate, repitiendo su clasificación de 2025 en el Súper 20.
Del otro lado del espejo quedaron los semifinalistas 2025. Quimsa fue el caso más llamativo: un equipo acostumbrado a pelear arriba que perdió solidez, sufrió más de la cuenta como local y empezó a mover fichas antes de lo previsto. Boca e Instituto atravesaron transiciones similares, arrancaron con planteles incompletos y, cuando lograron recomponerse, no encontraron todavía la consistencia que los había llevado tan lejos la temporada pasada. Regatas, por su parte, quedó a un paso, pero pagó caro algunos tropiezos fuera de casa.
Así, la Copa Islas Malvinas termina siendo una radiografía perfecta del momento de la Liga: nuevos protagonistas, proyectos consolidados y otros en plena reconfiguración. En apenas medio año, el mapa de candidatos cambió por completo.