Tras el festejo histórico de los Knicks, el antecedente reciente invita a la cautela: levantar la NBA Cup no es un prólogo certero de una temporada consagratoria.
El título de la NBA Cup puso a New York nuevamente en el centro de la escena y abrió un interrogante inevitable: ¿qué impacto real tiene este trofeo en el resto de la temporada? La corta historia del certamen ofrece dos antecedentes claros. Los Lakers en 2023-24 y los Bucks en 2024-25 celebraron en diciembre, pero ninguno logró transformar ese impulso en una carrera larga y exitosa hacia el campeonato de la NBA. La Copa, prestigiosa y rutilante, todavía no demostró ser un atajo hacia la gloria mayor.
Los Lakers de LeBron James inauguraron la vitrina del torneo con una campaña sólida en la fase previa, donde registraron un récord de 14-9, con 113,1 puntos a favor y 112,0 en contra, apenas +1,1 de diferencial. Tras consagrarse campeones y con LeBron como MVP (26,4 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias), el equipo elevó su producción ofensiva en la segunda mitad de la temporada (119,9 puntos por partido), pero también empeoró en defensa (118,3 recibidos). El balance posterior fue de 33-26, cerrando la fase regular con 47-35 y un incómodo paso por el Play-In.
Ese recorrido terminó abruptamente en playoffs. Los Lakers superaron a New Orleans en el repechaje, pero volvieron a chocar con un Denver Nuggets que los dominó por segunda temporada consecutiva. El golpe no fue solo deportivo: la eliminación derivó en la salida del entrenador Darvin Ham y en una reconfiguración profunda del proyecto, con la llegada de JJ Redick al banco. El primer campeón de la NBA Cup comprobó que el trofeo no blindó al equipo frente a los problemas estructurales.
El caso de los Milwaukee Bucks tuvo matices distintos, aunque un desenlace similar. Antes de la Copa, el equipo de Giannis Antetokounmpo mostraba números equilibrados (14-11, 113,3 puntos anotados y 111,9 recibidos). Tras levantar el trofeo con una actuación dominante de Giannis en la final (26 puntos, 19 rebotes y 10 asistencias), Milwaukee dio un salto estadístico: 35-23 en el tramo restante, 116,4 puntos por partido, 113,0 en contra y un +3,4 de diferencial, el mejor de los dos antecedentes.
Sin embargo, el cierre fue cruel. Los Bucks finalizaron 49-34, quintos en el Este, y quedaron emparejados con Indiana, futuro campeón de la NBA. La serie quedó marcada por la rotura del tendón de Aquiles de Damian Lillard, una lesión que desmoronó el proyecto y precipitó una limpieza profunda del plantel: salieron Lillard, Brook Lopez y Khris Middleton, entre otros, y llegaron nombres como Myles Turner y Gary Harris Jr.. Así, la NBA Cup volvió a quedar como una foto de éxito en medio de una temporada que terminó en frustración.
Con estos antecedentes, el título de los Knicks se celebra, pero también se contextualiza. La NBA Cup ofrece visibilidad, confianza y una medalla temprana, pero no asegura continuidad ni blindaje competitivo. Para New York, el desafío recién empieza: transformar el envión simbólico en solidez sostenida. Porque si algo enseñaron Lakers y Bucks es que, en la NBA, diciembre puede ilusionar… pero no perdona en abril.