En una semana frenética de mercado, los Bulls cambiaron medio plantel, acumularon picks y jóvenes talentos, pero dejaron una imagen insólita: un roster repleto de 1s
Chicago fue el gran protagonista del cierre de mercado con una seguidilla de traspasos que se llevaron puestos nombres pesados como Nikola Vucevic, Coby White y Kevin Huerter, a cambio de jóvenes, flexibilidad salarial y una montaña de segundas rondas. La sensación es clara: por primera vez en años, los Bulls dejaron de perseguir el Play-In y empezaron a pensar a mediano plazo.
El problema es que, mientras el plan parece lógico en los papeles —acumular activos y juventud—, el resultado inmediato del roster es directamente desconcertante. Hoy Chicago tiene seis bases naturales: Josh Giddey, Tre Jones, Jaden Ivey, Anfernee Simons, Collin Sexton y Rob Dillingham. Seis. Ocho contando a los de dos vías, como Yuki Kawamura y Mac McClung. En paralelo, tras la salida de Vucevic, apenas cuenta con Jalen Smith, Ousmane Dieng, Zach Collins y el recién llegado Guerschon Yabusele para sostener la pintura. El desequilibrio es tan evidente que parece transitorio… pero por ahora es real.
Cada movimiento, aislado, tiene lógica. Convertir espacio salarial en picks (Saric), cambiar a Huerter por Ivey, sacar algo por Vucevic cuando el mercado no ofrecía demasiado, apostar por el talento joven de Simons, sumar más rondas por Dosunmu. Incluso el arribo de Yabusele aporta un mínimo de profundidad interior. El patrón es reconocible: Chicago se convirtió en un facilitador de traspasos para otros equipos y cobró en activos. El tema es que, en el proceso, acumuló perímetro sin resolver el rompecabezas estructural.
Por eso, más que un equipo terminado, los Bulls hoy parecen un depósito de piezas en movimiento. Sexton y Simons asoman como fichas claras para volver a ser transferidas a contenders, mientras el rumor sobre la búsqueda de un interno empieza a tener sentido urgente.