Los Bulls han sacado 6 premios MVPs, 5 para Su Majestad y uno para un chico de la ciudad que se ganó el corazón de todos, superando incluso a su propio cuerpo.
Derrick Rose volvió a ser el centro del universo Bulls en una noche cargada de emoción, frío polar y memoria viva. Con temperaturas bajo cero, los hinchas hicieron filas eternas para ver cómo el United Center retiraba la camiseta número 1 del base que cambió la historia reciente de la franquicia. Vestido de negro, rodeado por su familia y viejos compañeros como Joakim Noah, Luol Deng y Taj Gibson, Rose escuchó los tributos de leyendas como Scottie Pippen y Michael Jordan, mientras un estandarte único, con ocho rosas bordadas dentro del “1”, subía a lo más alto del estadio.
Elegido en el Draft 2008, Rose llegó por la puerta grande y no tardó en confirmar que estaba hecho para cosas grandes. Fue Novato del Año en 2009 y en la temporada 2010/11 alcanzó su cima: MVP casi unánime con apenas 22 años, el más joven de la historia. Ese curso, Chicago fue el mejor equipo de la NBA (62-20), volvió a unas Finales de Conferencia por primera vez desde la era Jordan y soñó en grande, hasta que el Miami de LeBron James cortó el camino. Las lesiones después le robaron continuidad, pero no pudieron borrar lo que ya había construido.
“Este viaje nunca se trató sobre mí”, dijo Rose con la voz quebrada. “Se trataba de crear una sinergia para que la gente pudiera aprovechar. Yo era el vehículo, el faro para eso: el baloncesto”. Tom Thibodeau, su entrenador en los años dorados, lo definió como “un sabio del juego” y recordó su actuación monstruosa de 44 puntos ante Atlanta en playoffs. Taj Gibson lo llamó “hermano” y Luol Deng fue al hueso: “Tan especial como talento, es mejor ser humano. D, vos saliste de esta ciudad. Esto es para siempre”.
Como si faltara un cierre cinematográfico, Kevin Huerter clavó un triple ganador ante Boston a 0,4 segundos del final, justo antes de que el número 1 quedara inmortalizado. Chicago ganó 114-111 y la noche terminó completa. Rose se fue con promedios de 19,7 puntos, 6,2 asistencias y 3,7 rebotes en ocho temporadas con los Bulls, tres All-Star y una historia que no entró en los libros por títulos, pero sí en el corazón de una ciudad.