Diez partidos después de ganar la Copa NBA, el equipo de Mike Brown muestra un bajón colectivo, visto ya en otros consagrados por el trofeo de medio término.
El caso de New York vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que ya se repite en la corta historia del certamen. Tras ganar la NBA Cup, los Knicks cerraron sus primeros diez partidos con récord 5-5, luego de haber llegado a la final con un sólido 18-7. No es un dato aislado.
Los Lakers 2023-24 quedaron 3-7 después de vencer a Indiana; los Bucks 2024-25 terminaron 5-5 tras superar a Oklahoma City; y ahora New York replica ese mismo balance, lejos del impulso esperado tras levantar el trofeo. El repaso completo de los finalistas mustra las tendencias dispares con subcampeones que mejoraron. Los Spurs —finalistas perdedores— sostuvieron un 7-3 tras la definición. Los Bucks se estancaron y Oklahoma City fue contundente con un 10-0 posterior a la final. Indiana, el primer subcampeón fue 4-6.
En el caso puntual de New York, el bajón se tradujo en problemas estructurales. La defensa cayó al puesto 17° de la liga y fue una de las peores en el último tramo, mientras que el ataque perdió fluidez y volvió a depender casi exclusivamente de Jalen Brunson. La derrota por 31 puntos ante Detroit, en el décimo juego post-Cup, dejó al descubierto un equipo sin reacción, con figuras desdibujadas y un funcionamiento colectivo muy lejos del que lo llevó a brillar en Las Vegas.
La pregunta de fondo es si este bajón es coyuntural o estructural. El desgaste del calendario, el impacto físico y mental de la NBA Cup y la ausencia de Josh Hart explican parte del cuadro, pero no todo. Con la derrota ante los Pistons, los Celtics avanzaron al 2º lugar y desplazaron a los Knicks al 3º.