A los campeones no les pesa el oro y van por todo. Tras vencer a Phoenix en cuartos de la Copa NBA, empardó el registro logrado por Golden State en la 2015-16.
Oklahoma City vive un arranque que ya roza la ficción: 24-1 y un básquet que parece caminar cuesta abajo incluso cuando falta medio plantel. La paliza 138-89 a Phoenix no solo aseguró el pase a semifinales de la Copa NBA, sino que igualó el mítico arranque de los Warriors del 2015-16. Aquella versión de Golden State, recordada por sus 73 victorias finales, había impuesto un estándar que parecía irrepetible. OKC lo alcanzó… y amenaza con superarlo.
Lo más demoledor no es el récord, sino la manera. El Thunder sostiene un diferencial de +17.5 por noche, el mayor jamás registrado en 25 partidos. Lleva 17 victorias por doble dígito, una marca inédita en temporadas consecutivas, y ya firmó la primera diferencia de 50 puntos del curso. Todo esto con noches en las que Shai Gilgeous-Alexander, con su racha de 96 juegos seguidos arriba de 20 puntos, mira más minutos desde el banco que dentro de la cancha.
La profundidad explica buena parte del trueno. OKC tiene 11 jugadores con impacto positivo y un margen de +10.6 por cada 100 posesiones aun cuando SGA descansa. Chet Holmgren, uno de los avorito al DPOY, crece a velocidad de vértigo como ancla defensiva; Jalen Williams recién vuelve de su lesión; y las piezas secundarias, de Caruso a Hartenstein, sostienen un ritmo que no baja ni con cinco titulares fuera. El lujo: el MVP vigente está todavía mejor que el año pasado.
La pregunta inevitable es si pueden acercarse al Everest de las 74 victorias. El calendario que viene es áspero —con choques ante Knicks, Warriors, Nuggets, Celtics y Wolves—, pero el piso competitivo del Thunder es tan alto que incluso la irregularidad parece fuera de menú. Es un equipo joven, profundo y sin señales de desgaste en un torneo que a todos suele fatigar.
Si bien es improbable que rompan la barrera de las 74, cuesta imaginar a un candidato más preparado para intentarlo. El Thunder no solo está ganando: está dominando. Y cuando un campeón defiende la corona con soltura, confianza y una proyección histórica, la sensación es clara. Este 24-1 no es un techo. Es apenas el prólogo de una carrera que puede reescribir los libros de la NBA.