Los Pistons siguen dominando, son primeros en el Este y están a poco de conseguir la mejor racha de su historia, siendo el pico de una trayectoria que vale la pena revisar.
Durante años, Detroit fue un territorio fantasma de la NBA. Entre 2019 y 2024, los Pistons nunca superaron las 23 victorias y llegaron a hundirse en un pozo histórico: 14-68 en la 2023/24, la peor temporada de la franquicia, coronada por una racha de 28 derrotas consecutivas. Era difícil imaginar una salida cuando las lesiones de Cade Cunningham dañaron cualquier intento de reconstrucción y el proyecto tambaleaba entre cambios de entrenadores y una identidad deportiva que se evaporaba partido a partido. Hoy, sin embargo, el relato es exactamente el opuesto: con un 14-2 que los coloca como líderes del Este y doce triunfos al hilo, Detroit firmó una resurrección de corte épico.
El punto de quiebre llegó con decisiones tan audaces como necesarias. La llegada de Trajan Langdon a la presidencia de operaciones y el posterior despido del millonario contrato de Monty Williams abrieron una etapa nueva. J.B. Bickerstaff asumió como entrenador y, en apenas una temporada, impulsó un salto que nadie vio venir: de 14 a 44 victorias y un regreso competitivo a los playoffs por primera vez en más de una década. Para una franquicia que había probado tres técnicos en tres años, la continuidad fue casi tan reparadora como el ajuste táctico: defensa física, roles definidos y una estructura que potencia al plantel incluso cuando las figuras se ausentan.
Ese equilibrio colectivo explica buena parte del fenómeno. Durante esta racha, Cunningham, Duren, Harris, Ausar Thompson y Stewart se perdieron partidos… y Detroit siguió ganando. El equipo opera con una solidez vieja escuela pero con retoques modernos: la llegada de tiradores como Duncan Robinson y Caris LeVert compensó los éxodos de Malik Beasley y Tim Hardaway Jr., y elevó el spacing alrededor del base franquicia. Robinson está lanzando arriba del 41% de tres, mientras que el two-way Daniss Jenkins irrumpió como una sorpresa total, aportando volumen y eficiencia desde el perímetro en medio de lesiones y rotaciones alteradas.
La reconstrucción también se apoya en una jugada del pasado que hoy se ve como visionaria: el traspaso que llevó a Jalen Duren a Detroit en 2022. A los 22 años, el pivote ya promedia 20,6 puntos y 11,9 rebotes, transformándose en el socio ideal de Cunningham y en el mayor acierto del ciclo Weaver. Su explosión, sumada al desarrollo de piezas como Ivey, Ausar Thompson y Stewart, es el cimiento de un núcleo joven que por primera vez en mucho tiempo convive con un contexto ganador y un plan técnico coherente.
Detroit no solo vive un presente inesperado: también está armado para sostenerlo. Con control de todas sus primeras rondas durante los próximos siete años, 14 segundos disponibles, contratos expirantes jugosos y margen salarial para moverse antes de la fecha límite, los Pistons están mejor posicionados que cualquier otro equipo del Este para acelerar —si lo desean— el camino hacia la élite. Si esta racha es solo el preludio, el salto del infierno al cielo podría no ser el capítulo final, sino apenas el comienzo de la nueva era Pistons.