Bryant rozó lo imposible con 81 puntos ante Toronto. Tras 20 años, sigue siendo la segunda mejor marca de la historia y mayor del siglo.
El 22 de enero de 2006 quedó grabado a fuego en la historia del básquet. Esa noche, en el Staples Center, Kobe Bryant firmó una de las actuaciones individuales más descomunales de todos los tiempos al anotar 81 puntos en la victoria de Los Angeles Lakers por 122-104 sobre Toronto Raptors. Solo Wilt Chamberlain, con sus míticos 100 puntos en 1962, quedó por encima en el ranking eterno.
Bryant construyó su obra con números irreales: 21/33 en dobles, 7/13 en triples y 18/20 en libres, en 41 minutos y 56 segundos sobre el parquet. Sumó 26 puntos en la primera mitad y explotó con 55 en la segunda, cuando el partido pasó de competitivo a histórico. Sin Shaquille O’Neal en el equipo, Kobe era el dueño absoluto del ataque, pero ni él mismo esperaba un desenlace así.
La historia pudo ser todavía más grande. Phil Jackson decidió sentarlo antes del cierre, cuando el público ya pedía por los 100. Años después, John Salley reveló que el técnico no quiso que Bryant amenazara el récord de Wilt: “Es el número dos, no necesita ser el uno”, le habría dicho. Kobe se quedó en 81, pero dejó la sensación de que algo aún más imposible estaba al alcance.
Tiempo después, el propio Bryant alimentó el mito. En Londres 2012, le preguntaron si habría llegado a 100 jugando los 48 minutos completos. Fiel a su confianza, respondió: “Hubiera estado cerca… muy cerca”. Tras aquel partido, admitió que ni en sus sueños había imaginado algo así: “Es difícil de explicar. Simplemente pasó”.
La noche tuvo además un costado íntimo. Era el cumpleaños de su abuelo fallecido y la primera vez que su abuela lo veía jugar en vivo. Ocho Raptors intentaron frenarlo; Jalen Rose y Morris Peterson fueron los más castigados. Veinte años después, los 81 puntos de Kobe no solo siguen siendo un récord moderno: son un monumento al delirio competitivo y a la leyenda negra de la NBA.