El nuevo formato empezó bien en el primer partido, pero los resultados terminaron llevando la energía para abajo y terminó desinflado.
La idea de un USA vs Resto del Mundo siempre se había puesto como una solución posible y atractiva para el anodino y aburridísimo All Star Game de la NBA, donde los jugadores iban de vacaciones y solo se preocupaban por pasarla bien fuera de la cancha, sin el más mínimo interés competitivo por el partido. No daba para más.
La NBA entonces implementó para este año lo que casi todos queríamos. Ok, USA vs Resto del Mundo, pero no directo, sino armando 3 equipos, dos yanquis y uno de extranjeros, para que se diera una final donde quedara un equipo estadounidense y otro de foráneos. Estuvo cerca, pero todo puede fallar, decía Tu Sam.
Más allá de la cantidad e importancia de las bajas (Curry, Giannis, Shai, Doncic y Jokic jugaron 5 minutos y un solo partido), el primer partido del triangular ilusionó, porque Wembanyama encaró el reto como si fuera una final del mundo y a punto estuvo de llevar a su equipo al triunfo sobre los Stars (equipo de jóvenes básicamente). Sin embargo, con el partido casi ganado, dejaron solo a Edwards para un triple que llevó el juego a suplementario y luego a Barnes para que lo liquidara con otra bomba. Wemby parecía el único fastidiado. Fue la primera mala señal.
En el Stripes (estrellas) contra Resto del Mundo, algo parecido. Dominaba bien el Resto del Mundo, pero apareció el extraterrestre de Kawhi Leonard para meter 22 puntos en los últimos 6 minutos, incluido el triple ganador, y todo se derrumbó. No habría extranjeros en la final y solo estadounidenses. Quizá eso mismo bajó la energía de las estrellas, que esperaban con ansias ganarle al Mundo la final y, sin ese rival, se comieron una paliza memorable de los pibes, que les sacaron 26 haciéndoles precio.
Lo que empezó bien arriba terminó bien abajo, sin dejar sensaciones de éxito. Falta una vuelta de tuerca más. Lo más sencillo sería directamente un partido entero de solo dos equipos: uno de Estados Unidos y otro de foráneos, pero el temor es que el largo del partido desmotive a los jugadores, que ya vienen saturados por la exigencia de un torneo larguísimo que la NBA se niega a achicar pensando solo en lo económico.
La clave sigue siendo el compromiso. Con todos jugando como Wemby es una cosa. Como Murray, Doncic o Jokic es otra. Clarito. Igualmente, y más allá de no salir como se esperaba, el camino es por este lado. Habrá que pulir los detalles, pero la competitividad mejoró notablemente y el enfoque de la rivalidad es el correcto.