Adam Silver admitió que la práctica de perder a propósito “está empeorando” y anticipó cambios en la lotería del Draft para proteger la integridad competitiva.
El tema dominó la escena incluso en pleno All-Star. Adam Silver reconoció abiertamente que la NBA enfrenta un problema creciente con el tanking, la estrategia de perder partidos deliberadamente para mejorar la posición en el Draft. “El tanking ha sido parte de esta liga desde hace mucho tiempo. Sí, mi sensación es que está empeorando”, afirmó el comisionado. No fue una frase al pasar: marca un diagnóstico institucional en una temporada donde la competitividad de varios equipos está bajo sospecha.
La liga ya dio señales concretas. Multó a Utah Jazz con 500.000 dólares y a Indiana Pacers con 100.000 por la gestión de descansos y rotaciones que atentaban contra la integridad del juego. Para Silver, el foco no es solo disciplinario sino estructural: “No es una posición en la que queremos estar, pero no es lo que quieren los aficionados. Vamos a estudiar la forma en la que funciona la lotería del draft. Queremos tener un sistema justo”. La amenaza es clara: si el incentivo está mal diseñado, habrá que rediseñarlo.
El trasfondo es profundo. La NBA necesita un mecanismo que distribuya talento joven de manera equitativa, pero sin premiar la derrota sistemática. “La liga tiene 80 años. Es el momento de ver bien esto, ver si es una forma correcta. Lo que estamos viendo ahora no está funcionando”, admitió Silver. El problema no es nuevo, pero la percepción de que más franquicias priorizan el largo plazo a cualquier costo encendió alarmas. La experiencia para el fanático —producto central del negocio— se resiente cuando el resultado deja de ser prioridad.
En un contexto de contratos televisivos récord y crecimiento económico sostenido, el tanking aparece como una grieta en la credibilidad deportiva. La NBA enfrenta el desafío de equilibrar reconstrucción y competencia real. Si la lotería del Draft se convierte en el premio mayor por perder, el sistema se distorsiona.