El nuevo formato USA vs. Mundo y la apuesta televisiva le devolvieron competitividad y masividad al evento más cuestionado del básquet, aún con margen de mejora
El All-Star Game rompió la tendencia negativa de la última década y firmó su mejor audiencia en 15 años. Según datos preliminares de Nielsen y la propia liga, el evento alcanzó 8,8 millones de espectadores combinando NBC, Telemundo y Peacock, un 87% más que los 4,7 millones de 2025, que había sido una de las cifras más bajas de la historia. El pico llegó a 9,8 millones en el cierre del tercer partido del mini torneo, consolidando el mejor registro desde 2011.
El cambio de formato fue clave. Por primera vez, la NBA dejó atrás el clásico Este vs. Oeste y apostó por un esquema USA vs. Mundo, dividido en tres equipos estadounidenses (jóvenes y veteranos) y un combinado internacional. La estructura incluyó tres partidos cortos para definir a los finalistas y un duelo decisivo. La competitividad fue evidente: los primeros tres juegos se definieron por una sola posesión, algo que no ocurría en ediciones recientes marcadas por la falta de intensidad.
En la cancha, el protagonismo fue de la nueva generación. Anthony Edwards fue elegido MVP tras liderar a los jóvenes de Estados Unidos y cerró el fin de semana con 10,7 puntos de promedio y 59% de campo. Del lado internacional, Victor Wembanyama impactó con 16,5 puntos, 4 rebotes y 1,5 tapas por juego, además de una eficacia notable (76,9%). También se destacó Kawhi Leonard, autor de 31 puntos en uno de los cruces más intensos.
Fuera de la cancha, el salto a NBC —una señal abierta con mayor alcance que TNT— y la transmisión simultánea por Telemundo ampliaron la audiencia, algo clave para el mercado latino. Para el público sudamericano, cada vez más identificado con las estrellas internacionales, el formato Mundo vs. USA potencia el sentido de pertenencia y eleva el atractivo del espectáculo.