Ant es probablemente el joven estadounidense con más proyección de la actualidad. Ascendió en sus 6 temporadas en la NBA y nadie sabe hasta dónde llegará. Lo analizamos.
Desde que Anthony Edwards irrumpió en la NBA allá por la 2020/21 tras solo un año en la Universidad de Georgia el 1 del draft 2020, algo pasó. Y no porque Edwards no diera la imagen de un jugador distinto, pese a tener en ese momento apenas 19 años. Ant, ya en su primera campaña con los Wolves que lo habían elegido, irradiaba señales diferentes.
No vamos a detenernos demasiado en sus estadísticas, pero no son muchos los jugadores que en sus primeras seis temporadas en la NBA siempre las mejoran, sobre todo si arrancan metiendo 19.3 puntos con 19 años. Edwards siempre fue a más: 19.3, 21.3, 24.6, 25.9, 27.6 y ahora 29.3 en los 46 partidos disputados.
Edwards tiene muchos atributos, y también defectos (menos), pero sobresalen algunas cosas que marcan a los cracks de verdad. Ant no le teme a los momentos difíciles de los partidos. Al contrario. Tiene esa característica natural genética de gozar tomando la responsabilidad a la que muchos, incluso veteranos, le escapan. Él lo disfruta. Acierte o falle. No queremos exagerar, pero tiene unas cuantas cosas de Michael Jordan. Esa es una.
Otra es su gigantesco despliegue para llegar a donde se lo propone. Edwards es un verdadero animal físicamente, pone en riesgo su cuerpo permanentemente, sobre todo cuando ataca al canasto, y (cruzamos los dedos), no se lastima. Aguanta. En 5 temporadas y media nunca se perdió más de 10 partidos (2 veces 10), y en las pasadas tres apenas faltó a tres juegos en cada una. Eso sí, golpes tiene a montones y dolores por mil, pero no deja la cancha. Bien Jordaniano. «Es difícil saber su techo porque tiene absolutamente todo para seguir creciendo», le dice Pablo Prigioni a Básquet Plus. Pablo lo tiene desde su puesto de asistente en Minnesota desde que llegó a la NBA.
En cuanto a su juego, es notable su evolución en el tiro de tres puntos. De ser uno correcto en su arranqe (2.4 por partido anotados, con 32.9% de efectividad), pasó a ser uno letal: 3.4 por juego con 40.2% (el año pasado clavó 4.1 por encuentro también con un altísimo 39.5%). Y eso no le hizo perder potencia para ir al cesto, al contrario. Su amenaza exterior le permite tener más espacios, porque ya nadie le regala el tiro, y cada vez maneja mejor esa doble amenaza. «Cada año se propone mejorar algun aspecto de su juego, se pone a trabajarlo y lo consigue. Tiene mucha determinación», agrega Prigioni.
Quizá donde todavía tiene mucho recorrido para mejorar es en el manejo de situaciones y de su propio carácter. Por momentos, ese mismo carácter para estar tranquilo cuando los demás están nerviosos le juega una mala pasada porque hace una de más, o arriesga demasiado, sin sentir presión. O suelta la lengua con demasiada facilidad. También tiene baches de desconcentraciones notorios. Pero tiene 24 años… «Es un chico muy alegre y agradable, lo que hace que sea divertido estar con él y trabajar con él. Es una cualidad importante para un jugador en el cual construir un proyecto a su alrededor», completa Prigioni. Y el detalle de su alegría no es menor. Se ve fácil jugar a su lado. Desdramatiza las situaciones. A veces puede ser negativo, pero la gran mayoría no. En definitiva, es difícil ganar y bancarse una temporada si uno no disfruta el camino y lo que hace.
Con estos jóvenes 24 años no solo tiene números (ya pasó los 10.000 puntos, fue campeón olímpico en París, MVP del All Star de ayer), le sobra talento y, también, un liderazgo ante compañeros veteranos que no se compra ni entrena. Ant empuja a los Wolves desde hace ya tiempo y eso es parte central por la que Minnesota llegó a las dos últimas finales del Oeste, aunque no haya podido ganar ninguna de las dos.
Su cabeza no tiene límites. No hay nada que lo frene. Nada que lo atemorice. Nadie al que no está dispuesto a faltarle el respeto (deportivo) tratando de pasarlo por arriba. Su bagaje es cada vez más completo (tiro, penetración, fade, stop y tiro, midrange) y su mentalidad, cada día más asesina. Los Wolves tienen a un distinto, al que quizá sea la cara de la NBA de los próximos 10-15 años.