Los Bad Boys superaron en el 1º de la competencia a OKC justo antes del All-Star. Una base joven y movimientos quirúrgicos en el mercado se mete en la conversación por el anillo.
Contra todos los pronósticos de inicio de temporada, Detroit Pistons llega al receso del All-Star con el mejor registro de toda la liga y 5,5 juegos de ventaja sobre Boston Celtics en el Este. La racha de tres triunfos consecutivos, lograda incluso con ausencias por suspensión, consolidó a un equipo que ya había mostrado señales de crecimiento el año pasado al volver a playoffs, pero que ahora dio un salto de categoría impensado para la mayoría.
El escenario se aclaró aún más tras la derrota de Oklahoma City Thunder ante Milwaukee, que dejó a Detroit al tope en porcentaje de victorias, aunque OKC haya disputado tres partidos más. La consistencia defensiva y el ritmo alto en ofensiva fueron marcas registradas de un plantel donde todos los jugadores clave tienen 24 años o menos, un dato que explica tanto el presente como la proyección.
En el cierre del mercado, el presidente Trajan Langdon eligió no alterar la química del grupo y apenas realizó un ajuste puntual: el envío de Jaden Ivey a Chicago a cambio de Kevin Huerter para sumar tiro y dinamismo perimetral. Mientras tanto, Boston se reforzó y espera el regreso de Jayson Tatum, lo que anticipa que la pelea por el primer puesto del Este todavía no está cerrada.
Si se aplica la regla 40/20 popularizada por Phil Jackson, que históricamente delimita a los verdaderos contendientes, Detroit ya cumple con el requisito y se mete en un lote reducido junto a OKC y otros aspirantes que aún deben alcanzarlo. Con margen competitivo y sin la presión de la obligación inmediata, los Pistons juegan “con la casa a favor”: pueden soñar con el título ahora y, al mismo tiempo, construir una ventana real para pelear durante varios años.