Las lesiones de las figuras y los traspasos abrieron un espacio inesperado en la rotación del equipo de Steve Kerr y Santos respondió con madurez competitiva.
Durante años, Steve Kerr buscó un ala que entendiera el juego sin pedirlo, que cortara, defendiera, moviera la pelota y aceptara su rol sin necesidad de protagonismo. Jonathan Kuminga parecía ese proyecto, pero el traspaso cerró esa etapa. El vacío no quedó libre por mucho tiempo: Gui Santos, pick 55 del Draft y producto del trabajo silencioso en Santa Cruz, empezó a ocupar ese espacio con naturalidad.
Los números de las últimas semanas explican por qué. En sus seis partidos más recientes promedia 15,7 puntos, 4,3 rebotes y 3,3 asistencias, con una eficiencia demoledora: 68,5% de campo y 50% en triples, en casi 28 minutos por noche. No es volumen ni casualidad: es lectura, timing y confianza. Kerr le está dando minutos reales y Santos responde sin forzar nada.
La escena que terminó de sellar su presente llegó ante Memphis. Con Draymond Green fuera en el cierre, Santos jugó los minutos calientes del último cuarto y fue clave en una remontada de 17 puntos, coronada con una bandeja ganadora a segundos del final. Terminó con 16 puntos y 8 rebotes, pero sobre todo con algo más valioso: la confianza del staff en el momento donde se define todo.
Su crecimiento también tiene una raíz humana. Pat Spencer, otro sobreviviente del fondo de la rotación, contó cómo compartieron años entre Santa Cruz, prácticas marginales y rutinas invisibles. Hoy, con Stephen Curry y Jimmy Butler lesionados y la rotación más clara tras el traspaso de Kuminga, Santos juega el mejor básquet de su carrera.